Movimiento libre

Qué importante es respetar su desarrollo natural, su ritmo interno y su interés…

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Cuando somo pequeños vivimos la vida desde el cuerpo, desde las sensaciones, desde el movimiento y la interacción del cuerpo con el entorno, con el otro. Sensaciones que se quedan gravadas en el cuerpo, en la memoria celular.
Cuando empezamos a intervenir, a decir: no puedes, es peligroso, eres demasiado pequeño, cuando empezamos a colocarlos en posiciones que ellos no han llegado por sí mismos, cuando los subimos a los árboles, cuando forzamos el aprender a ir en bici, a nadar, a leer ,a escribir… estamos creando recuerdos del aprendizaje dolorosos.

Empiezan poco a poco a desconfiar de su ritmo, el que les dice que paso va después de éste, qué le apetece hacer y de qué manera conseguirlo, empiezan a escuchar más la voz de mama o papa antes que la suya porque ellos saben, ellos deciden, ellos marcan el ritmo que “me va bien”.

Cuando los sentamos cuando aun ni gatean, cuando no les dejamos cortar con cuchillo porque son pequeños y “seguro te vas a hacer cortar”, cuando colocamos esa pieza de puzzle del revés para que “vean” cómo puede ir colocada, o cuando les colocamos, con nuestra mano sobre la suya, la última pieza de la construcción, cuando empiezan a hacer experimentos y les interrumpimos para limpiar, para decirles cómo hacerlo para no ensuciar tanto, para decirles cómo llegar al resultado más óptimo… les negamos su autoestima, su confianza en ellos para encontrar, a su manera y a su ritmo, un resultado que en realidad no les importa tanto… es entonces cuando les negamos el verdadreo aprendizaje.

No son lentos, no son tontos, no son distraídos, no son chapuzas, no son hiperactivos, no son poco delicados, no son poco manitas, no son torpes, no son… si algo no se las da bien es porque no les ineteresa.
Todos tienen la capacidad de hacer aquello que les vibra, aquello que les mueve, aquello que les inetresa, el resto no les interesa, en este momento o de esta manera.

Cuando una madre, educador, acompañante interviene, ayuda, hace, soluciona… inconscientemente recorta las alas de su aprendizaje autónomo, recorta las alas de su confianza, de su interés y de su curiosidad.

Quizas no nos gusta o a la sociedad no le gusta los intereses de nuestros hijos porque aparantemente no tienen una finalidad productiva, competente para el mundo, no tiene un sentido práctico o no entra en un objetivo académico… pero eso es miedo. Porque en realidad no sabemos a donde llegará ese interés, en que se convertirá, qué recorrido tendrá… creemos que es mejor que sepan de todo un poco y cuanto antes, homogeneizando, como si el aprendizaje sólo se diera de una manera: la establecida, la controlada por los adultos, la marcada por el curriculum.

Dañamos su autostima y confianza al decirles qué, cuando y cómo. Les decimos no puedes, no eres capaz, con palabras y actos bienintencionados, por su seguridad, por nuestra tranquilidad, por no atender o querer correr en las etapas de su vida.

Si hay tiempo y hay espacio todo se da, todo llega, todo se aprende, simplemente con interés, motivación y curiosidad, y eso viene de serie en todos los niños y niñas. No hace falta motivarlos ni buscar maneras de captar su interés desde fuera. Nacen con la curiosidad como motor de vida. Lo importante es no repimirla, no forzarla, no dañarla con nuestras maneras mentales, permitir que sea como cada niño elige, cuando el niño elige, de la manera que el niño elige, porque lo que elige es lo que vibra en su interior, la menera qué elige es la manera óptima para llegar a colmar su interés, y el momento qué elige es el momento que está prearado para asimilar, para conectar neuronalmente lo aprendido, antes no.

Crecemos con la oreja puesta en el exterior, en lo que dicen que me va bien, en lo que creen que es mejor para mi y dejamos de ponerla en nuestro interior, en la voz interior que sabe nuestros talentos y como potenciarlos, que sabe hacia dónde ir, qué hacer, qué pasos seguir, a veces inconexos, nunca lineales, para desplegar nuestro verdadero potencial para desplegar nuestro verdadreo ser.

Todo empieza, poniéndo al bebé boca abajo, sentando el bebé antes de hora, ayudando a caminar cogiéndoles de las manitas, ayudando a subir a los árboles o al tobogán, ayudándoles a ir en bici, a nadar, a leer a escribir… cuando nosotros pensamos que es el momento, cuendo nosotros creemos que ya ha llegado la hora… con amor pero des de la mente, sin escuchar, sin observar, sin permitir su ritmo, su manera, su interés.

Poniendo atención y respetando sus ritmos, ofreciendo experiencias ricas siguiendo sus intereses, es como damos amor, a través de nuestra presencia, acompañando sin juicio, observando sin prisa, amando sin control.

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